El insomnio regresa siempre en el peor momento, justo cuando no se tiene tiempo que perder, cuando las noches de invierno se hacen tan largas que se confunde la tarde con la noche y el frío que se mece allá afuera, en la copa de la árboles, entra a la recámara aunque todas las ventanas hayan sido cuidadosamente cerradas.
Hay vigilias que se prolongan eternamente en el tiempo, que escapan a las melodías entonadas de memoria, a los poemas de la infancia que se recitan en silencio camino al trabajo.
Ciertos dolores, ciertas soledades, ansiedades y esperanzas no podrán jamás ser mitigadas por las mieles del alcohol, ni extinguidas por la fingida comprensión de esos otros a quienes quisieramos desaparcer o mejor aún, entre quienes quisiéramos desaparacernos.
Hay dolores que perduran y sobreviven a todos los remedios. Hay silencios inquebrantables que nacen de ese espacio roto en la línea del tiempo, que encierran memorias inentendibles para el extraño. Hay nostalgias que punzan en el centro del corazón, cotidianidades que no se pueden explicar. Y de todos los abismos, más grande que el de la misma muerte, es el del exilio el que nos condena a un silencio tan profundo, que sólo otro exiliado puede comprender.

2 comentarios:
Alguien sabe algo de Beatriz ?? Saludos!!!
Un poco al estilo de Rimbaud, que con el continente cambió los versos por las armas, Bea emigró a otro planeta donde el lenguaje escrito hubo de ser sacrificado por un complejo sistema cabalístico de comunicación basado en los taquiones.
Si la conociera mejor, diría que no volverá a situarse en esta órbita estacionaria, pero ella es arcana y proteica, así que...
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