Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras
como con una cesta de fruta verde, intactas.
Rosario Castellanos
Sucede que he olvidado cómo usar la palabra. De tanto aprehender otras lenguas me he vuelto muda, minusválida, incapaz de decir nada que valga la pena. Me han dicho que no estoy sola, al parecer, un pueblo entero de mudos, sordos, mancos, cojos y ciegos me acompaña. Comienzo a pensar que también me he vuelto ciega, quizá sorda, manca y coja. No los veo, no los oigo, no los toco, no me tropiezo con ellos cuando deambulo por las calles y los tranvías para mí ya desiertos.
Alguna vez un recuerdo me asalta, me saca del hastío, me deja sentada en un rincón silencioso en donde no tengo más remedio que escuchar mis propios pensamientos. Pensamientos que giran y se retuercen en vértigo. Líneas, oraciones inconexas que se traducen a otras lenguas, arman párrafos enteros con palabras extranjeras que no significan nada en la lengua materna.
Intento entonces construir una iglesia, una plaza, una fuente, una adoquín de bulevar, alguna cosa que pueda mirar, un algo en donde pueda posar los pies, que ocupe mis manos, una superficie que prometa -una vez terminada- poblarse de gente, de música, de color, de texturas, sabores y aromas tentadores; un algo acabe de una vez por todas y para siempre con la tartamudez de mi lengua.
© Reservados todos los derechos de uso y publicación / Beatriz Opitz / 2010
Foto: Marília Campos

3 comentarios:
Vaya que bueno ver que nuevamente has escrito algo =)
Gusto de leerte nuevamente
FL
Gracias FL.
Ahí estás: Babel.
Y creces, buscando el cielo. Un cielo color Babel.
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