martes 23 de diciembre de 2008

Midnight chess


En punto de las doce se daban cita para jugar al ajedrez. Se conocieron un verano tranquilo, en una ciudad de puerto inglés, uno de esos en lugares de los que se piensa que nada extraordinario puede suceder.

El disponía el tablero, echaba a suerte el color de las fichas, mientras ella se perdía entre los barcos de harbour, en el sonido de los mástiles movidos por la brisa del mar. Se preguntaba si se volverian a ver, si alguna vez esos ojos azules la volverian a tentar a compartir un café, si volvería a ver el galope del caballo que hace jaque a la reina, al alfil que amenaza con atacar su propia torre de marfil.

De vez en cuando la casualidad los junta en algún puerto. Quizá se vuelven a ver porque se extranhan o porque se buscan en la memoria de las cosas que se comprten una sola vez. Los detalles son lo de menos, ambos intuyen que tal vez la generosa casualidad les regalará una próxima partida, de lo demás mejor no hablemos.

4 comentarios:

Stranger dijo...

El ajedrez, un excelente juego de parejas que se atienden y se huyen. Que deambulan entre la complicidad y la delicia de un jaque mate.

Dendrita dijo...

No sé si sea el mejor o el peor de tus textos, pero sí sé que estás ahí en la partida de ajedrez...
En preferible, de las despedidas mi querida Viandante, mejor no hablemos.

Exodo dijo...

que delicia la nostalgia compartida!..
Siempre un gusto leerte!..
Un abrazo

Exodo dijo...

donde estas metida paisana??.. te tengo una propuesta literaria, quisiera enviarte una entrevista para agregarte a una revista electronica en la que estoy trabajando junto con un amigo.. si consideras la propuesta enviame tu mail y te envio todo con links incluidos.. un abrazo.. aparece! se te extraña..